El monstruo del Lago
Ness,
Big Foot,
OVNIs, el área 51 y... vampiros.
Son historias que plagan libros, películas, series... tanto que a uno le hacen plantearse su grado de verdad, su origen, su porcentaje de mito y la parte de realidad.
Uno que siempre me ha atraído bastante son los vampiros... Diario de un Vampiro,
Lestat,
Blade,
Underworld,
The Vampire Diaries,
True Blood y la actual Crepúsculo. Buscando, ves que todo parte de
Vald, un emperador en
Transilvania, sobre el que no trata este post. El objetivo fundamental es hacer una crítica destructiva a, ¿cómo se llama?
Edward &
Company.
Está bien que al coger un mito uno pueda modificarlo en cierta medida, adaptarlo a la historia que uno quiere contar,
moldearlo en función del público al que quieres atraer. Así, unos vampiros mueren con balas de plata, otros con balas de madera (saldrán incendiadas o es madera ignífuga?), algunos se regeneran... tenemos un poquito de todo. Y aún con ello, siempre suele haber algún factor común que lo mantiene unido al mito original... en este caso, el sol.
No sé, ¿en qué piensa uno cuando le nombran a un vampiro? Colmillos, sangre, noche. ¿No?
No, hoy en día no señores. En la era de la igualdad, ¿por qué discriminarlos a la noche? Es más, en recompensa por todos estos años
excluídos a la madrugada... ¡que brillen! Si les da el sol, que brillen...
La verdad es que he entrado por ahí cuando es lo que menos me preocupa. Pero vamos, que después de DOS horas sentado en el cine oyendo
conversaciones lentííííímas en susurros (qué pasa, no saben hablar más alto?), de
empalagosismo elevado a su máximo exponente (tiene narices que lo diga yo), la única pelea en la que se mete el pobre chico sale trasquilado. Normal!! Tío, si es que brillas al sol!!
Así que, aunque se suponía que en esa
peli hay que llorar, acabamos riéndonos. De frases imposibles. De situaciones extrañas. En general, de este nuevo género de... ¿vampiro? Oye, pero fíjate, es un éxito mundial, lleva taquillas y vende libros... Una vez más, para los gustos, los colores :)
Vamos, que me compré otro libro de las crónicas
vampíricas para compensar...